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Debemos ser jugadores y no espectadores en nuestras organizaciones, gente con pasión por lo que hace, que nunca está demasiado ocupada como para prestar atención a los detalles, gente que escucha y aprende, que mantiene viva la curiosidad y que está abierta a nuevas ideas como si fuera el primer día de sus carreras, como la gente que le gusta a Mario Benedetti:

“Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado (…) Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó. Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos (…) Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata. Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido”.

En una economía inteligente, el desafío no es motivar a nadie sino encontrar a los ya motivados por sí mismos, no sirven los garrotes o las zanahorias, la luz se enciende por dentro: “lo mejor es buscar individuos con el talento necesario para sobresalir en cierta posición y luego darles las herramientas necesarias” según el experto en aprendizaje organizacional Fredy Koffman en su libro Metamanagement (2003:70). Por su parte el filósofo Jean-Paul Sartre, en su Teoría de las Emociones, postula que la gente que se siente bien consigo misma, tanto si los hechos merecen tal valoración como si no, tiende a lograr más cosas, tiene más auto-confianza, está más dispuesta a correr riesgos y le cuesta menos disponer de la lealtad de los demás; para Collins (2001:67), con gente disciplinada no se necesitan jerarquías, propone trabajar siempre con Gente A, gente dúctil y no galvanizada, gente maleable y no maleada, gente que puede adaptarse a las nuevas condiciones sin romperse, que acepta la evolución y el caos resultante, buscadora agresiva de prosperidad, que no espera a que alguien les diga qué hacer sino que toma los riesgos necesarios para convertirse en lo que debe ser, siempre construyendo y renovando, Gente con Chip.

 

gente con chip

 

Para Lee Iaccoca, alguna vez CEO de Chrysler: “en las organizaciones siempre hay un grupo con el que uno puede contar, que está siempre disponible, y otro que sólo espera la hora de irse a su casa, para quienes la vida pasa sin sentido”; hay quienes se empeñan en ir contra su naturaleza y trabajan solo para recibir un cheque, solo les importa que llegue la hora de salida y así ceden su tiempo a una agenda que no les despierta el menor interés, anclan su potencial, viven una nueva esclavitud, propia, auto-impuesta, de nueve a cinco, sin propósito, y eso ya no debe ser.

Antes, las empresas eran pirámides donde todos teníamos un escalón.

Nuestra forma de crear valor dependía de lo que dispusieran los de arriba, éramos parte de una maquinaria, reemplazables, obedientes, empeñando nuestra habilidad de pensar para sólo seguir instrucciones; hoy las cosas son diferentes, ya no somos equipos jerárquicamente organizados que laboran en el mismo lugar, hoy somos más bien una conjunción efímera de talento inter-conectado para crear una dimensión específica de valor.

Steve Jobs, fundador de Apple, decía: “durante los últimos 33 años me he mirado en el espejo cada mañana y me he preguntado si hoy fuera el último día de mi vida ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?, y cuando la respuesta era negativa durante varios días seguidos, sabía que tenía que cambiar algo”; cada mañana pregúntate lo mismo. Piensa diferente.

 

Fe y oficio | Expansivos®: Reemplazando al destino®.

Este post es un fragmento de nuestro libro Gente con Chip, adquiérelo aquí.

Photo by Johnson Wang on Unsplash